El crecimiento del PIB de México sigue generando preguntas porque avanza, pero no con la misma velocidad en todos los frentes. En el primer semestre de 2024, la economía mantuvo una trayectoria positiva apoyada sobre todo por los servicios y la construcción, mientras que algunos segmentos de la industria mostraron señales mixtas. Esa combinación ayuda a explicar por qué el país evita una desaceleración brusca, aunque todavía no logra un ritmo más parejo y sólido.
Para entender qué está ocurriendo conviene mirar el PIB por sectores y no solo la cifra general. La lectura cambia si se observa el comportamiento de la actividad terciaria, el impulso de la obra pública y privada, la manufactura vinculada a exportaciones y el desempeño de ramas como la minería o la agroindustria. En otras palabras, el avance del PIB de México no depende de un solo motor, sino de varios que hoy corren a velocidades distintas.
La economía mexicana avanza con motores desiguales
De acuerdo con el INEGI, en 2024 el PIB de México creció alrededor de 3.2% anual en el segundo trimestre, una tasa mejor de la esperada por muchos analistas, pero con una composición clara: los servicios aportaron la mayor parte del dinamismo. Las actividades terciarias, que incluyen comercio, transporte, alojamiento, restaurantes, servicios financieros y profesionales, se mantuvieron como el principal sostén del crecimiento por el aumento del consumo interno y la movilidad económica.
En contraste, el sector industrial tuvo un desempeño más moderado. La construcción siguió favorecida por proyectos de infraestructura, vivienda y obra relacionada con relocalización de cadenas productivas, mientras que manufacturas avanzaron con mayor cautela por la debilidad de algunos pedidos externos y por la normalización de ciertos ciclos de exportación. Esto explica por qué el PIB no acelera de forma uniforme: hay ramas que empujan con fuerza y otras que apenas sostienen el paso.
Qué muestran las cifras recientes por sector
El desglose sectorial ayuda a entender el ritmo actual del PIB mexicano. Las actividades terciarias han sido el componente más resistente, con crecimiento anual cercano a 3.8% en varios cortes trimestrales de 2024. Dentro de este grupo, el comercio al menudeo y al mayoreo, el transporte y los servicios de alojamiento y alimentos destacaron por la demanda asociada al turismo, al ingreso de las familias y al movimiento logístico ligado al comercio exterior.
Las actividades secundarias, que agrupan industria, minería, electricidad y construcción, crecieron a un ritmo menor, alrededor de 1.5% a 2.0% anual en el mismo periodo. La construcción se vio impulsada por obras públicas y privadas, además de algunos proyectos en el sureste y el Bajío. En cambio, la manufactura mostró una expansión más contenida, pese al fenómeno de nearshoring, porque su efecto no se distribuye de manera inmediata en toda la planta productiva.
El sector primario también contribuyó, aunque con menor peso en el total. La agricultura, ganadería, pesca y actividades forestales registraron altibajos por el clima y por la estacionalidad habitual. Aun así, en varios trimestres aportaron positivamente, lo cual ayudó a amortiguar la volatilidad de la industria. La lectura práctica es simple: México está creciendo por una base amplia, pero no por una aceleración homogénea en todos los sectores.
Por qué el consumo y el empleo sostienen la expansión
Una parte importante del impulso actual proviene del consumo interno. Los salarios siguen mostrando incrementos reales en varias ramas, el empleo formal se mantiene relativamente estable y el flujo de remesas continúa apoyando el gasto de los hogares. En estados como Jalisco, Nuevo León, Querétaro o el Estado de México, la actividad comercial y de servicios ha respondido a esa mezcla de empleo, inversión y mayor circulación de personas.
Esto se refleja en restaurantes, transporte urbano, hoteles, tiendas de autoservicio y servicios personales, pero también en segmentos más especializados como logística, tecnología y consultoría. Cuando el consumo se mantiene, el PIB encuentra un piso de crecimiento incluso si el entorno externo se vuelve menos favorable. Esa es una de las razones por las que la economía mexicana ha resistido mejor de lo previsto en un contexto global todavía incierto.
Además, la inversión pública y privada ha sido relevante para explicar la construcción y parte de la industria relacionada con insumos. El país ha visto obras en infraestructura ferroviaria, carreteras, puertos y parques industriales, además de ampliaciones en naves para manufactura. Ese tipo de gasto no produce resultados instantáneos, pero sí mejora la capacidad de crecimiento en el mediano plazo.
Lo que conviene tener presente
Hay una tabla sencilla que resume la lectura económica más útil: si los servicios mantienen su ritmo, la construcción no se frena y la manufactura recupera tracción, el PIB puede sostener un crecimiento moderado; si alguno de esos pilares se debilita de forma simultánea, la economía perderá velocidad rápidamente. En ese sentido, el principal riesgo no es una sola caída abrupta, sino la suma de varios ajustes pequeños al mismo tiempo.
También conviene observar factores externos. El desempeño de las exportaciones hacia Estados Unidos, las tasas de interés, la inflación y la incertidumbre política influyen en la inversión y el crédito. Para una empresa en Monterrey, por ejemplo, un pedido automotriz puede elevar su producción; para una pyme en Puebla, una menor demanda interna puede frenar su expansión; y para un comercio en Mérida, el turismo puede ser decisivo en temporada alta. Esos ejemplos muestran que el PIB nacional no se vive igual en todos los estados ni en todos los sectores.
En síntesis, el ritmo actual del PIB de México se explica por una economía que aún crece gracias al consumo, los servicios y ciertas ramas de la construcción, pero que no termina de consolidar un impulso industrial uniforme. Si la inversión sigue llegando y la manufactura mejora su capacidad de arrastre, el país podría cerrar con una expansión más equilibrada; por ahora, el mensaje es que México crece, aunque con diferencias marcadas entre sectores y con un margen claro para acelerar.
